domingo, 10 de octubre de 2010

AGUINIS MARCOS


 



Gustavo Porcel*

Aclaración previa
"El Pequeño Aguinis Ilustrado" fue la primera parte de una nota publicada en el número 4 de "La Esquina...", cuya continuación prometimos para esta edición. Si bien el motivo de la elección del personaje ya fue explicitado, vale la pena un brevísimo repaso.
Las razones por las que un amanuense del aparato cultural del establishment puede ser considerado como un intelectual progresista -con las prevenciones que implica un término tan inconsistente como equívoco- exceden el sentido de este texto. Pero siguiendo la lógica de la sección "Caretas y veletas", de lo que se trata es de desmitificar a quienes, en apariencia, caminan con nosotros, pero siempre se confunden de enemigo. Y a sabiendas o no, por acción o por omisión, actúan al servicio de los dueños del poder. Pensamos que Aguinis lo hace a sabiendas. Construye "su personaje" a partir de una vaga y abstracta posición de defensa de los derechos humanos y de las virtudes republicanas, disfrazando -con poco éxito- un pensamiento conservador que complementa el reaccionarismo político con el ideario económico neoliberal. Eso sí, con el aderezo infaltable de un alineamiento -tan previsible como entusiasta- con el unilateralismo norteamericano: "El antiamericanismo argentino es algo que llama la atención. (...) ¿Por qué tanto odio a Estados Unidos? Esto yo creo que tiene que ver con resentimientos, con envidia, y con encarar mal nuestros propios problemas".¡Bravo, Mister Aguinis! Un escriba a sueldo no lo hubiera dicho mejor...
Un escritor a la derecha, por favor...
Desde hace algún tiempo, Aguinis viene elevando su perfil de exposición mediática en el terreno explícito de la política. Este mayor protagonismo es sincrónico con los esfuerzos de reposicionamiento de la derecha. Por eso, no sorprende su alineamiento con López Murphy, a quien Aguinis continúa acompañando, incluso, con sus silencios. La única lástima es el silencio, porque nos quedamos con las ganas de escuchar algún comentario inteligente de Marcos sobre el juicio político a Moliné O'Connor. Allí, los senadores de López Murphy, Ricardo Gómez Diez (su candidato a vice)  y Pablo Walter (que se pasó del bussismo a Recrear con armas y bagajes) votaron, junto al menemismo y algunos radicales, en contra del enjuiciamiento del "cerebro" de la mayoría automática en la Corte Suprema. 
Conociendo un poco más a Marcos...
En 1999, una denuncia de Clarín acerca de los casi 8.000 pesos que cobraba Erman González, desató un tembladeral que le costó al oscuro contador su cargo de ministro y condicionó al procurador del Tesoro a revelar, el 2 de junio de ese año, que había 4.075 personas cobrando una jubilación especial superior a los 3.100 pesos mensuales. En esa oportunidad, dio a conocer los nombres de 484 jubilados "de privilegio" que ganaban simultáneamente la jubilación y un sueldo por ocupar un cargo público o porque trabajan en la actividad privada. Según el procurador, de esos 484 casos, 86 eran funcionarios del Poder Ejecutivo -secretarios y subsecretarios-, 28 correspondían a funcionarios del Gobierno porteño, 39 al Poder Legislativo, 12 al Poder Judicial, 79 a entidades no estatales, y el resto a profesores y docentes universitarios.
Como la información es pública, decidimos ingresar al sitio en Internet de la Procuración del Tesoro (www.ptn.gov.ar). El portal institucional nos permite entrar en la sección INVESTIGACIONES ADMINISTRATIVAS, donde nos encontramos con un Informe sobre Beneficios Jubilatorios Especiales (Decreto 544/99). El Listado de beneficiarios es remitido periódicamente por la ANSES a requerimiento del Procurador del Tesoro, e incluye la totalidad de los beneficiarios de los regímenes jubilatorios especiales nacionales - excluido el Poder Judicial - y provinciales, transferidos a la Nación.
Allí nos enteramos que la información está actualizada al 27/11/2003 y se utilizaron tres criterios de selección:
1. Beneficios jubilatorios otorgados por Ley especial.
2. Que al momento de obtener dicha jubilación, tuviera una edad menor a la requerida, en ese mismo momento, por el régimen general.
3. Que en el mensual abril tuviera un haber resultante superior a $ 3.100.
¿Adivinen qué? Con número de Beneficio 01004452640 otorgado por Ley Especial, figura el amigo AGUINIS MARCOS, quien con 56 años al momento del alta del beneficio (05/1991) y 54 años al momento del otorgamiento (la edad requerida para nosotros, comunes mortales, es de 65) cobra un haber jubilatorio mensual de $3.640.
El feliz poseedor de tan bonito privilegio nos advierte: "Puedo decir que en estos veinte años se ha podido ver que aunque cambiaron presidencias y algunos protagonistas, el populismo ha estado presente todo el tiempo (...) Y todo eso, por supuesto, se ha venido asociando con la proliferación de ideologías que llamamos setentistas o quizás más antiguas todavía que han impedido que la democracia funcionase de la manera productiva y feliz que hubiésemos deseado". Estimado Aguinis, déjenos desasnarlo de lo siguiente: las "ideologías setentistas" -le perdonamos el exabrupto y la falta de rigor teórico- tienen muchos defectos e insuficiencias, y algunas pocas -pero buenas- virtudes. Entre ellas se cuenta su espíritu emancipatorio y un fuerte rechazo a la injusticia de ciertos privilegios. ¡Cómo el que usted disfruta! Algún tiempo -y no mucho- en la función pública, no habilitan -en la lógica setentista- para gozar de un haber jubilatorio que decuplica las jubilaciones promedio de millones de argentinos. Harías bien, querido Marcos, en recordar el sabio proverbio latino: la mujer del César no sólo debe ser honesta: debe parecerlo.
La dictadura y Martínez de Hoz: Introducción a una apología

En las últimas décadas han circulado diversos relatos sobre el 24 de marzo de 1976. Los hubo de todos los tonos y colores. No obstante, podríamos resumirlos en dos grupos principales: los críticos (de variadas intensidades y vertientes ideológicas), y los apologéticos. Asumimos que, en estos temas, los discursos neutrales no existen o son, muchas veces, complicidades encubiertas.
Veamos uno de ellos, elegido para la ocasión. Comienza así: "Al borde del mediodía del miércoles 24 de marzo de 1976 asumió la Junta de Comandantes. La integraron el teniente general Jorge Rafael Videla (del Ejército), el almirante Emilio Eduardo Massera (de la Armada) y el brigadier Orlando Ramón Agosti (de la Fuerza Aérea)". A este estilo de crónica periodística, frío y distante, alguien podría confundirlo con una manera -por cierto velada y sutil- de marcar diferencias con la dictadura. Pero, despejando toda duda, su autor asume de inmediato el argumento de hierro del régimen (al que también hicieran honor los cultores de la "teoría de los dos demonios"). Nos dice: "Atrás quedaba un país desvanecido, aturdido, desorganizado, atacado por la sedición armada, atomizado, en medio del vacío de poder". ¿Suficiente? Parece que no, ya que a continuación, transcribe varios párrafos de la proclama de la Junta de Comandantes. ¿Ahora sí? ¡Tampoco! Falta que aún nos abrume -y nos agravie- con citas textuales del discurso que Videla dirigiera al país el 30 de marzo del '76.
Este complaciente texto con la dictadura militar, pertenece al libro de Daniel Muchnik "De Gelbard a Martínez de Hoz: el tobogán económico". Su Prólogo estuvo a cargo de Marcos Aguinis. Conocer la obra permite, también, conocer a quien la prologa. Veamos.
Y llega Joe…
El Capítulo VII se titula: "José A. Martínez de Hoz - El proyecto eficientista". Pero… ¡a no engañarse, amigo lector! Si, a pesar de la introducción que transcribimos algunos párrafos más arriba, guardó todavía alguna expectativa con este Capítulo por el aparente "tono crítico" al proyecto y los intereses que encarnaba el ministro de la dictadura, quedará rápidamente defraudado.
Ya estamos en condiciones de que el autor nos introduzca en el fascinante mundo del ministro que no sólo tenía grandes las orejas, sino también los vínculos con el establishment y los capitales financieros que se aprestaban a devastar la Argentina.

"El gobierno -nos cuenta Muchnik- designó ministro de economía a José A. Martínez de Hoz, quien había elaborado tiempo atrás con un grupo de colegas, principalmente Horacio García Belsunce -en negrita, nuestro- y otros nucleados en el Consejo Empresario Argentino, un plan que podía ser aplicado de inmediato." Sigue luego con una reseña de los "valores" del ministro en su paso por la Administración pública previo al golpe de Videla. El usufructo de cargos en gobiernos militares -o sus títeres civiles- entre 1956 y 1963, o intervenciones de tan poco mérito para los intereses nacionales como "recurrió a líneas de financiamiento externo en Italia y Gran Bretaña" (sic), son algunas de las bondades que entusiasman a Muchnik. Sobre las andanzas de "Joe" en la actividad privada, la pertenencia del ministro al establishment socio de aquellas dictaduras es registrado por Muchnik de manera acrítica, aderezado con datos que sólo pueden conmover a un alcahuete: "Martínez de Hoz trabajó intensamente en su estudio jurídico de Corrientes y Esmeralda, en la Capital Federal, asociado a José Martínez Segovia", o "incorporó tecnología en el haras "Malal Hue que administraba con su padre". Un cholulismo patético. Y de signo trágico, sin duda.
Pero aún falta que el autor nos entregue su arrobamiento más intenso y sus mejores hipérboles: "Sobrio, de modales austeros y hasta humildes, Martínez de Hoz se desempeña como un orador de gran performance. Su dominio del inglés (es su segundo idioma, desde que se educó en sus años mozos en Cambridge, Inglaterra) le posibilita entenderse mano a mano con financistas y gobernantes cada vez que recorre -lo hizo muchas veces- el escenario de las grandes capitales mundiales." ¿Esto es demasiado? ¡Hay más! "Trabajador infatigable -pese a su aparente fragilidad física- no escatima energías en dialogar con todo tipo de interlocutor. Su extenuante esfuerzo de 18 horas diarias de tareas culminó en 1977 con una delicada operación de úlceras. "Es terco y jamás se da por vencido", confiesan sus allegados." Sólo la falta de rigor intelectual, la obsecuencia o la desfachatez, pueden explicar una  apología semejante.
No se vayan que ahora viene lo mejor…
Más allá de la mirada global sobre una obra que se intenta prologar, debe prestarse especial atención a las conclusiones. Allí es donde el autor suele volcar su mejor esfuerzo y expresar, con la mayor elocuencia, los significados que espera más perdurables. Muchas veces, esto resulta particularmente válido respecto al último párrafo del texto.
Tal es el caso de Muchnik, que finaliza su libro con el párrafo que sigue: "En marzo de 1976 las fuerzas armadas trajeron orden, estabilidad, confianza. Todavía queda tiempo para imaginar y concretar un país que enfrente los desafíos y remonte con decisión y orgullo las agudas pendientes económicas."
Sobre el autor de estos conceptos, Aguinis nos advierte: "(…) lo asiste el damasquinado temple del cronista moderno. (…) Es perseverante en su trabajo, que exige osadía e inteligencia; tanto el olfato del detective como la tenacidad del científico; la claridad del docente como el vuelo del poeta."
No hay duda que la intención de cubrir de una almibarada costra de alabanza al osado poeta de damasquinado temple, que desde su científica tenacidad nos ofrece un engendro semejante, habla más del propio Aguinis que de Muchnik.
Hay que reconocerlo: Marcos no traiciona su sintonía con la obra. En las casi tres páginas de su prólogo sobreactúa sin pudor, al punto que la teoría de los dos demonios (que Muchnik cultiva con bastante oficio) queda reducida a la de un demonio sólo. Así, cuando Aguinis anticipa que en el lector "renacen escalofríos, perplejidad y dolor", no está hablando del terrorismo de estado sino de la "tragicomedia" que empieza en 1973. Y que culmina en marzo de 1976 pues, siguiendo con esa misma lógica, el golpe de Videla, Massera y cía. le ofrece "renovadas esperanzas". Pero Aguinis no se detiene:"Una legión de mediocres accede al poder y se infla de soberbia". ¿Los militares que usurparon el gobierno? ¿Sus cómplices civiles? Claro que no. Y sigue:"Demasiados maleantes se ponen los chalecos de la impunidad para consumar sus delitos". ¿Martínez de Hoz y sus bandoleros de la Patria Financiera? Tampoco. "Y los argentinos que se obstinan en defender la ética, la justicia y el sentido común son descalificados, ofendidos y también eliminados". Ah, bueno, ahora sí... ¿está hablando de quiénes, sin abandonar sus convicciones e ideales, entendían que el quiebre institucional a manos de una dictadura sólo traería dolor y retroceso para los sectores populares? No señor. ¿Del horror de los campos de concentración, de la tortura, el asesinato, el robo, las desapariciones, del brutal avasallamiento de los derechos humanos por parte de la dictadura? Decididamente no (pese a que, al momento de publicarse el libro de Muchnik -octubre de 1978- las aberraciones de la dictadura habían sido denunciadas en Foros y Organismos Internacionales y -salvo para Aguinis y Muchnik- eran conocidas por tantos periodistas e intelectuales argentinos).
Continúa Aguinis: "Las Fuerzas Armadas, tras la emisión de claras advertencias, asumen el gobierno". Qué forma tan bella de decirlo, tan neutra, tan... Casi pareciera que el pobre Videla, a regañadientes, se vió obligado a tomar el poder para salvar a la Patria.
Y llegamos al final: "Barrido. Afán de estabilidad, probidad, seguridad". ¿Leímos bien? ¿dijo barrido? Aquí, juro que le otorgo el beneficio de la duda. No creo que haya alcanzado a percibir la dimensión trágica de su metáfora. Sigue: "... Fin de muchos personajes y puesta en reserva de otros". ¿Puesta en reserva? Bonito eufemismo. Aunque innecesario: a esa altura, Videla ya decía -sin inmutarse- "son desaparecidos". Y -por fin- termina: "... aunque con alguna renovada esperanza (...) Son enormes las ganas de sacar el país adelante. Son duras las cuotas de sacrificio".
¿Es necesario agregar algo más?
Final
De puro cajetilla y presumido, Miguel Cané trataba de guarangos a los hijos de los inmigrantes. Éstos, a pesar de ostentar el título de "Doctor" como emblema de un democratizador ascenso social, desconocían las reglas de comportamiento esperables en los salones de la oligarquía porteña. Cané disimulaba, con su aparente desdén de petimetre y una supuesta crítica "de forma", un brutal desprecio de clase por esa chusma, cuya vulgaridad y grosería adquirían así un impensado valor político.
En el prólogo de marras, y salvando las distancias (con lo que, creo, el beneficiado es Cané), Aguinis pone su sello: "El país se convierte en una caldera donde hierven el terror y la grosería" (en negrita, nuestro).
Este horror a la grosería, al que Aguinis asigna tanta significación, constituye una buena imagen para terminar esta nota (no debe olvidarse el contexto histórico del comentario y la intencionalidad política de justificar la intervención de las FF.AA.). Son actitudes de señora gorda, que encierran una profunda dimensión ideológica: la señora gorda es la imagen caricaturizada de la oligarquía, y la suya -no podría ser de otra manera- es la mirada del dueño, para quien el resto de los mortales sólo pueden ser iguales o advenedizos. Y aunque resulte risueño -o patético- es, también, la mirada de sus mayordomos.

* Médico

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